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Consentimiento informado y capacidad para decidir del menor maduro

24/05/2013

Consentimiento informado y capacidad para decidir del menor maduro.

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Probablemente, los niños sean los pacientes menos informados del sistema sanitario, los menos consultados para conocer las ideas, miedos, expectativas y deseos que albergan con relación a sus padecimientos y respecto de los que menos preocupa el establecimiento de una buena relación clínica. Por consiguiente, los niños son los que menos cuentan en la toma de decisiones.  “La cuestión del consentimiento informado en el caso de los menores es quizás una de las cuestiones más complejas y debatidas en la actualidad, y también una de las que más angustian a los clínicos” (Simón P. 2008), ya que para valorar la madurez de un menor no hay estándares ni pruebas validadas. En referencia al menor, se entiende el consentimiento informado como un proceso comunicativo y prudencial a través del cual el adolescente y el profesional de la salud toman conjuntamente decisiones acerca de un problema de salud, después de haber compartido la información relevante y haber aclarado las dudas.

Desde la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor, la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica hasta el Decreto 246/2005 de la Junta de Andalucía por el que se regula el ejercicio del derecho de las personas menores de edad a recibir atención sanitaria en condiciones adaptadas a las necesidades propias de su edad y desarrollo, son muchas las disposiciones legales autonómicas, nacionales e internacionales que regulan el derecho a ser informado y a la toma de decisiones por parte del “menor maduro”.

Antes de los 12 años se da la presunción legal de incapacidad y se obtiene el consentimiento por representación. Entre los 12 y los 15 años habría que valorar la madurez para tener en cuenta la capacidad de decidir. “Así surge el término “menor maduro” para designar un sujeto que siendo menor de edad posee un grado de madurez psicológica y humana que le permite disfrutar de los derechos de personalidad en grado mayor o menor” (Martínez C. 2009).

De acuerdo con el Convenio para la protección de los derechos humanos y la dignidad del ser humano con respecto a la aplicación de la biología y la medicina, firmado en Oviedo en 1997, se aconseja la solicitud del consentimiento del menor para procedimientos y tratamientos específicos, independientemente de que ya exista el consentimiento de los padres o tutores, en anticoncepción, aborto, enfermedades de transmisión sexual, tratamientos de desintoxicación de alcohol y otras drogas, tratamientos de riesgo vital, tratamientos psiquiátricos y psicológicos.

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Si la evaluación del proceso del consentimiento informado es una tarea difícil, hacerlo con pacientes menores es realmente complejo (lo cual no supone que deba ser una tarea de psiquiatras). Implica aceptar su desarrollo como un despliegue progresivo de su autonomía moral y la necesidad de respetarla. El SSPA tiene uno de los mayores retos en la potenciación y adecuación de los procesos de información, comunicación y consentimiento informado con menores. “No obstante, conviene recordar que el consentimiento informado no sólo concierne al principio de autonomía: también a los otros tres principios, el de beneficencia, justicia y no-maleficencia” (Simón P. 2006). En cualquier caso, la relación clínica con los niños debe exigir más esfuerzo de comunicación verbal y emocional (menos énfasis en el “formulario” si es necesario), privilegiando, por tanto, el enfoque comunicativo, deliberativo y participativo. Se debe potenciar el ejercicio del derecho a decidir de los menores, enmarcando el proceso en un ambiente de honestidad intelectual, confidencialidad, confianza y, en general, de capacidad de escucha de las voces infantiles por parte de la organización sanitaria.

Han sido muchos los centros, servicios y comisiones de atención integral infanto-juvenil las que nos han demandado mayor información al respecto a efecto de poder aplicar adecuadamente lo que la actual legislación establece. Para dar respuesta a esta solicitud se ha realizado una revisión bibliográfica de la que hemos seleccionado una serie de artículos que consideramos muy oportunos y que esperamos aporten luz en este complejo tema.

Esperamos vuestras aportaciones, reflexiones, bibliografía no contemplada así como cuantas experiencias personales o de servicio podáis aportar.

Bibliografía:

Simón P. La capacidad de los pacientes para tomar decisiones una tarea todavía pendiente. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq 2008; 28 (102): 325-48.

Simón P. Barrio M. La capacidad de los menores para tomar decisiones sanitarias: un problema ético y jurídico. Revista Española de Pediatría 1997: 107-19.

Barrio I. El problema de la capacidad de los menores para tomar decisiones sanitarias: nuevo contenido en la responsabilidad profesional de la enfermera. Enfermería Clínica 1998; 8 (4): 161-5.

García D. et al. Toma de decisiones en el paciente menor de edad. Med Clin (Barc) 2001; 117: 179-190.

García C. Orgando, B. Doctrina del menor maduro: aplicación práctica en la toma de decisiones sanitarias. Enfermería Científica 2005; Marzo-Abril: 276-7.

Simón P. Diez mitos en torno al consentimiento informado. An. Sist. Sanit. Navar. 2006; 29 (Supl. 3): 29-40.

Lynch D. et al. Investigación en Pediatría. Un desafío ético. Rev Hosp Niños BAires 2007; 50 (226): 44-53.

González P. Breve reflexión sobre el consentimiento informado en pediatría. Bioética 2007; mayo-agosto: 4-10.

Orgando, B. García C. Consentimiento informado y capacidad para decidir del menor maduro. Pediatr Integral 2007; XI(10):877-883.

Martínez, C. Mesa Redonda: Problemas éticos y legales en Pediatría. BOL PEDIATR 2009; 49: 303-306.

Escudero M. Simón P. El final de la vida en la infancia y adolescencia. Aspectos éticos y jurídicos en la atención sanitaria. Sevilla: Junta de Andalucía. Consejería de Salud; 2011.

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2 comentarios leave one →
  1. 26/06/2013 10:14 am

    La categoría de menor maduro se valora según el acto (Diario Médico, 26/06/2013)
    “Si no hay madurez, el menor no puede decidir, pero deberá ser oído, pues así lo recoge el Convenio de Oviedo”. Con esta aclaración Francisco Oliva, profesor titular de Derecho Civil de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, quiso dar respuesta a algunas de las preguntas que plantea al profesional sanitario la atención al llamado menor maduro.
    Oliva intervino en la jornada sobre Bioética que se celebró ayer en Sevilla, organizada por la Escuela Andaluza de Salud Pública y la Fundación de Ciencias de la Salud. En la mesa redonda sobre El menor maduro ante el Derecho, Oliva diferenció tres situaciones: menores de dieciséis años sin capacidad natural de obrar, menores de dieciséis y diecisiete años o emancipados, y menores de dieciséis años con capacidad natural de obrar.
    SOPORTE LEGAL
    El profesor defendió que si se demuestra que un menor de dieciséis años tiene capacidad suficiente para entender el alcance de la intervención, el CI corresponde al menor. “La Convención de Derechos del Niño y el Código Civil dicen que el ejercicio de los derechos de la personalidad corresponde al menor siempre y cuando tenga madurez suficiente”.
    Por tanto, la categoría del menor maduro se construye en función de los actos que pretende realizar.
    En el sistema sanitario español no existe un estándar de actuación para entender la capacidad del menor para tomar decisiones. Mercedes Navío, coordinadora asistencial de la Oficina Regional de Coordinación de Salud Mental del Servicio Madrileño de Salud (Sermas), se refirió al MacCAT-T (MacArthur Competency Assessment Tool for Clinical Research), una herramienta que explora cuatro habilidades para consentir un tratamiento:la comprensión y apreciación de la información, el razonamiento y la expresión de una elección, y que juzgó muy útil.
    Según Tirso Ventura, psiquiatra del Hospital Miguel Servet, de Zaragoza, en el menor maduro hay que demostrar que tiene capacidad mental para realizar una tarea específica. “Es maduro en la medida que el paciente pueda comunicar sus decisiones, comprender la información acerca de su estado y valorar sus consecuencias”, concluyó.

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  1. “El menor maduro” | Red Dédalo

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