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La violencia contra la infancia: comparecencia de la Asociación GSIA en el Congreso de los Diputados

15/12/2014

El Grupo de Trabajo de Sociología de la Infancia y la Adolescencia (GSIA) se constituyó en el año 2002, en el seno del Colegio de Politólogos y Sociólogos de España,  para dar visibilidad a la sociología de la infancia como un enfoque singular, específico y necesario dentro de las Ciencias Sociales y, con ello, impulsar la sociología de la infancia dentro del ámbito profesional que interviene directa o indirectamente con la infancia. Tienen un magnífico Blog del que ahora extraemos esta comparecencia: http://gsia.blogspot.com.es/

Su Presidenta, Lourdes Gaitán es Doctora en Sociología y Diplomada en Trabajo Social y recientemente compareció ante la Subcomisión del Congreso de los Diputados para abordar el problema de violencia contra las niñas y los niños

GAITAN


“Entre los objetivos de la subcomisión, constituida el 7 de octubre, y dependiente de la comisión de Sanidad y Servicios Sociales, destaca llegar a ofrecer una visión global e integradora de la situación de la violencia contra los niños y niñas que supere la invisibilidad de este grupo social, tanto a nivel de la cuestión a análisis por la subcomisión como por la ausencia una mayor información estadística en relación a la infancia y adolescencia. Esta subcomisión sentará las bases del ‘Estudio de la situación de la violencia contra los niños y niñas’ en España.

La asociación GSIA considera relevante superar los clichés a los que se ven expuestos los niños, niñas y adolescentes a través de los medios de comunicación para desde el enfoque de derechos de los niños posibilitar una mirada sociológica que comprenda la posición, y su motivo de ser, de los niños y niñas en la sociedad.Esta perspectiva macrosocial incardina, a entender de la asociación GSIA, la explicación de la existencia de la violencia contra los niños y niñas en una sociedad donde éstos ocupan un lugar determinado en su estructura social, como en el imaginario colectivo reflejado en la manera en que la infancia es tratada a nivel informativo.

CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

COMISIÓN DE SANIDAD Y SERVICIOS SOCIALES.

Subcomisión para abordar el problema de la violencia contra los niños y las niñas (15412)

Comparecencia: Dª Lourdes Gaitán Muñoz. Presidenta de la Asociación Grupo de Sociología de la Infancia y la Adolescencia

Fecha: 10 de diciembre de 2014

  1. LA INFANCIA COMO FENÓMENO SOCIAL
  2. Para empezar podemos hablar de la infancia, no tanto como etapa vital sino como el espacio social reservado para los niños. Un espacio en el que se define la forma de ser niño en un momento histórico y en un contexto geográfico, socioeconómico y cultural determinado.
  3. Por eso no significa lo mismo ser niño (o niña, o adolescente) hoy, que serlo hace veinte, o cincuenta, o cien o doscientos años antes. Tampoco es lo mismo ser niño hoy en un país europeo, que en uno latinoamericano, que en otro asiático o africano.
  4. Sin embargo hay algo en común entre todos los llamados niños, tanto histórica como coyunturalmente, y esto es su posición de dependencia frente al colectivo adulto, las limitaciones impuestas sobre su ser y su actuar, unas limitaciones que, si bien tienen una base biológica evidente, ya que los seres humanos nacemos al mundo bastante incompletos, se hace más y más social a medida que transcurren los años de la niñez (Gaitán, 2006).
  5. La infancia se concibe como un tiempo de espera (“cuando seas padre, comerás huevos”, dice el viejo refrán castellano) una clase de moratoria vital, una “reserva” para una especie que se supone en riesgo de extinción, y con ella todo lo que de bello, inocente, espontáneo, no reglado, libre de responsabilidades y obligaciones puede tener la vida del ser humano.

 

  1. LOS NIÑOS Y NIÑAS COMO ACTORES SOCIALES
  1. Frente a una concepción de la infancia eterna, intemporal, proyectada hacia el futuro, mantenida en general por los adultos, la infancia es el tiempo en el que se es niño y se vive como niño, a los ojos de sus protagonistas.
  2. Los niños son actores en el proceso continuo de crear y re-crear la infancia, cuestión que se hace evidente solo con observar sus conductas, pero que es poco reconocida por parte de los adultos, quienes tienden constantemente a reconducir la infancia al orden, a su orden.
  3. La vida de los niños se desarrolla principalmente en el ámbito de lo privado. Escondidos en la familia, su vida diaria permanece oculta y desconocida para la mirada adulta, salvo cuando su comportamien­to problemático amenaza al orden social, el incumplimiento paterno remueve las conciencias hacia el deber colectivo, o las necesidades reproductivas de la sociedad requieren su participa­ción en los procesos educativos.
  4. Pero a pesar de ser invisibles los niños actúan. Actúan unas veces porque su propia existen­cia modifica el entorno y obliga a adoptar medidas con relación a ellos, y otras veces porque, al irse introduciendo en el mundo social empiezan a intervenir en él.
  5. Tanto en el ámbito microsocial, como en el nivel de la estructura social, los niños, no sólo pueden actuar, sino que actúan de hecho, e interactúan otras personas y con los demás grupos sociales, modificando, construyendo y contribuyendo a los cambios que se producen en la sociedad, a la vez que son afectados por ellos en forma no exactamente igual que son afectados sus padres o los otros adultos, y sí de modo bastante semejante a como resultan afectados otros niños.

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  1. LA INFANCIA ES UNA CONSTRUCCIÓN SOCIAL
  1. Cuando se habla de “construcción social de la infancia” no se está haciendo referencia a un acto físico ni consciente, sino a un proceso dialéctico de producción de sentido por el cual se dota a la infancia, como a cualquier otro aspecto de la realidad social, de un significado, que es aprehendido como un hecho objetivo que se internaliza a través de la socialización y se reproduce, pero ya no de forma igual, sino transformado por la conciencia.
  2. El orden social que rige y se nos presenta como parte de esa realidad, no forma parte de la naturaleza de las cosas, existe solamente como producto de la actividad (cognitiva) humana, como resultado de la constante interacción entre el ser humano (productor) y el mundo social (su producto).
  3. En la construcción social vigente, la infancia viene a ser una etapa de preparación orientada al futuro, lo que ensombrece buena parte de su realidad escrita en presente. Se considera a las personas menores de edad como seres incompletos, dependientes, moldeables, controlables, definidos no por un “ser” sino por un “aun-no-ser” adultos. Y así, el niño no es considerado como un “ser humano” sino como un “potencial humano”.

  1. LOS NIÑOS SON UNA MINORÍA SOCIAL
  2. Los niños presentan un rasgo significativo en su consideración social: ser menores de edad es lo que les adscribe a un grupo, es su condición común más aparente. Se trata de un grupo que presenta los rasgos clásicos de una minoría social: discriminación en materia de derechos, de acceso al poder, de bienestar y prestigio, así como una subordinación al grupo dominante.
  3. Quienes pertenecen a una minoría son consi­derados inferiores y frecuentemente son víctimas de prejuicios, discriminación, abuso y humillaciones que poco tienen que ver con sus valores individuales sino que son precisamente un resultado de su estatus minoritario.
  4. Como otros grupos minoritarios los niños disfrutan de unos derechos, aunque no de otros, pero su principal peculiaridad consiste en ser el único grupo social cuya limitación de derechos está fundamentada en la edad, y el único que está privado de la representación directa de sus propios intereses ya que, como antes las mujeres estaban representadas por sus padres o esposos, así los niños lo siguen estando por sus progenitores o por sustitutos de éstos.

  1. LAS RELACIONES INTERGENERACIONALES COMO RELACIONES DE PODER
  1. La cuestión de las relaciones entre las generaciones infantil y adulta resulta ser uno de los puntos clave en la concepción de la infancia. Ambas generaciones se necesitan, aunque más la primera de la segunda, que está llamada a introducir a los nuevos miembros en las pautas y normas de la vida social, que es lo que hace a unos y otros seres humanos, esto es, seres sociales.
  2. Por ese camino el colectivo adulto puede lograr su principal finalidad, cual es, asegurar el futuro de la especie, pero si en esta tarea se limitara simplemente a reproducir lo ya vivido, estaría negando cualquier posibilidad de avance en la condición humana. Por el contrario, con la contribución de todos (hombres, mujeres, niños) reconocida o no, es como se producen los cambios.
  3. Tomando la perspectiva de los niños, cabe señalar que estos tienen bastante clara la existencia de un orden generacional presente en las relaciones entre personas adultas y personas menores de edad.
  4. La idea central en la noción de orden generacional es que existe un sistema de ordenación en las sociedades modernas que se relaciona específicamente con los niños como categoría social y circunscribe para ellos lugares sociales particulares, desde donde los mismos actúan y participan en la vida social.
  5. Este sistema de ordenación es comparable con otros mejor conocidos, como los que se refieren al género, la etnia o la clase social. Como en estos pueden observarse los conflictos, las alianzas, la jerarquía, las relaciones de poder, etc., que se dan entre los distintos actores en liza, que serían las unidades generacionales en este caso.

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  1. LA IMAGEN SOCIAL DE LA INFANCIA
  2. La imagen de infancia que se comparte actualmente de modo mayoritario  la presenta como una etapa de preparación y aprendizaje, de dependencia y también de cierta irresponsabilidad, por lo que necesita ser protegida frente a los demás y también, en cierto modo, de sí misma.
  3. Una contribución importante a la construcción actual de la imagen de la infancia ha venido de la mano de la idea y la puesta en práctica de los derechos humanos universales, lo que ha llevado a extender el ámbito de estos derechos hacia los colectivos que se consideran más necesitados de protección por su especial vulnerabilidad, entre ellos, el conformado por los niños, niñas y adolescentes.
  4. La virtud más notable de la Convención reside en la expresa y reiterada atribución de derechos a los niños por sí, a los niños como personas. Junto a ello es destacable que son los Estados que la suscriben los que reconocen estos derechos y adquieren el compromiso de velar por su cumplimiento, y asimismo que se establezca en la misma un sistema continuado para el seguimiento de los avances que se van logrando en los distintos países respecto a la protección de aquellos derechos y a la promoción del bienestar de los niños.
  5. Del lado de los defectos, los más señalados derivan de una concepción adultocéntrica de las relaciones niño-sociedad, y de una visión basada en la cultura occidental dominante, latentes ambas cosas en el texto de la Convención. Pese a ello, la existencia de este instrumento legal y la amplia difusión del mismo, ha repercutido, indudablemente y a escala universal, en beneficio de los niños, quienes han entrado de hecho en la agenda política.
  6. De forma concreta, en su artículo 19 la Convención establece que los estados partes adoptarán todas las medidas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentre bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo.

  1. LA VIOLENCIA CONTRA LOS NIÑOS Y NIÑAS
  2. Los estudios de carácter histórico han puesto de manifiesto que el maltrato, el abuso y en general la violencia ejercida contra niños y niñas ha venido a ser un fenómeno tan antiguo como la propia humanidad.
  3. Durante mucho tiempo se ignoraron las necesidades físicas y emocionales de los niños y no es hasta épocas tan tardías como finales del siglo XIX cuando se comienza a legislar contra el maltrato infantil (a imagen por cierto de lo legislado en relación a la protección de los animales) o más aún, hay que esperar a los años 70 del siglo XX para ver identificado como un síndrome el que se refiere al niño maltratado.
  4. El aumento de la sensibilidad social con respecto a la violencia inflingida a los niños se pone de manifiesto en la incorporación de la protección frente a la misma en la Convención de los Derechos del Niño, pero también en todas las acciones y medidas que, desde su aprobación, se han puesto en práctica.
  5. Pese a ello, las cifras de la violencia contra los niños siguen considerándose inadmisibles. Y esto último es lo que se puede ver en parte una buena noticia, porque significa, no tanto que la violencia haya aumentado, sino que nuestro umbral de tolerancia frente a la misma ha descendido notablemente.
  6. La violencia contra los niños y niñas debe ser considerada como un fenómeno relacionado con un modelo de sociedad en el que rige un orden generacional en el que el poder se encuentra en manos de un grupo dominante (adulto) que lo ejerce frente a un grupo infantil, definido como dependiente, incapaz, y falto de autonomía.
  7. Cualquier mejora de la situación actual debería pasar por un cambio en mentalidad colectiva (de la imagen social de la infancia) y asimismo por conseguir un equilibrio diferente en el balance de poder entre niños y adultos. Por más que esto resulte más difícil de modificar que las conductas individuales, o más lento de implantar que unas nuevas leyes.

  1. EL ESTADO DE LA CUESTIÓN EN LA PROTECCIÓN DE LOS NIÑOS CONTRA LA VIOLENCIA
  2. El informe realizado por un experto independiente por mandato de la Asamblea General de las Naciones Unidas  y publicado en 2006 constituye un marco indispensable para la comprensión actual del fenómeno (http://www.unicef.org/violencestudy/spanish/).
  3. El documento Cómo eliminar la violencia contra los niños, editado por UNICEF y la Unión Interparlamentaria contiene una serie de recomendaciones y sugerencias para parlamentarios, inspiradas en el documento anterior   (http://www.ipu.org/PDF/publications/violence_es.pdf)
  4. El informe Ocultos bajo la luz, de UNICEF, publicado en septiembre de 2014, con cifras referidas a la violencia contra los niños y niñas en todo el mundo trata de aproximar las dimensiones del fenómeno en todo el mundo, con el fin de aumentar el inter (http://www.unicef.es/actualidad-documentacion/publicaciones/ocultos-plena-luz-un-analisis-estadistico-de-la-violencia)
  5. Las Observaciones Generales del Comité de los Derechos del Niño Nº 8 (2006) sobre el derecho a la protección de los castigos corporales y otras formas de castigos crueles y degradantes, y Nº 13 (2011) sobre el derecho a no ser objeto de ninguna forma de violencia.
  6. Diferentes publicaciones de Save the Children (España) referidas a los niños como víctimas en la violencia de género, acoso y ciber acoso, protección contra la trata, etc.

  1. PROPUESTAS PARA LA ACCIÓN
  2. El informe del experto independiente para Naciones Unidas finaliza con 12 recomendaciones generales, así como con otra serie de ellas, aplicables particularmente a los ámbitos en los que se desarrolla la vida de niñas y niños que son, por ende, donde se produce la violencia contra los mismos.
  3. Es preciso ajustar estas recomendaciones a la realidad particular de cada país, y a los perfiles propios con los que se presenta la violencia  en el mismo.
  4. Desde nuestra perspectiva (sociológica y centrada en la infancia) nos permitiríamos destacar las siguientes:
  • Elaborar y aplicar sistemáticamente sistemas nacionales de reunión de datos e investigación. La primera aproximación a un fenómeno consiste en dimensionarlo, en “tomarle las medidas”.  Pero además este       conocimiento es la base para poder establecer objetivos concretos, y mensurables, que puedan ser evaluados en su eficacia, eficiencia e impacto para avanzar en la reducción de la violencia contra los niños en cada uno de los ámbitos identificados.
  • Aumentar la capacitación de todos los que trabajan con y para los niños. Se trataría de influir en el cambio de mentalidades, especialmente en las de aquellas y aquellos que tienen mayor capacidad de decisión sobre los arreglos de vida de niñas y niños: jueces, fiscales, trabajadores sociales. Así mismo sobre los grupos profesionales que se encuentran en contacto cotidiano y más próximo con niños, niñas y adolescentes: profesores, educadores, pediatras. Sin olvidar a quienes, por su profesión, pueden prestar un auxilio inmediato a los que están siendo víctimas de violencia o se encuentran en riesgo de serlo, especialmente la policía.
  • Garantizar la participación de los niños en todos los asuntos que les afectan. La participación social de los niños y niñas debe dejar de ser una frase retórica, ni limitarse a representaciones simbólicas de su “futura ciudadanía”. El mandato de la Convención es claro: ellas y ellos tienen derecho a expresar su opinión en todo aquello por lo que se encuentran implicados, que les incumbe y que les repercute. Y todo es TODO.
  • Promover valores no violentos y concienciación. El papel de los medios de comunicación es fundamental para difundir mensajes que pueden, o bien contribuir a un cambio en la imagen social de la infancia, en el sentido de poner de manifiesto las capacidades y los valores de niños, niñas y adolescentes, o bien servir para alimentar estereotipos referidos a ellos como víctimas o victimarios. Establecer vías de diálogo entre protagonistas (los niños) y profesionales de los medios, podría ser en este sentido una vía a explorar.

 

 

 

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