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La promoción de la salud mental en el ámbito educativo

09/03/2016

Fuente: Andalucía Educativa

Pablo

Pablo García-Cubillana de la Cruz es enfermero de salud mental, psicólogo y experto universitario en psicoterapia relacional y promoción de la salud. Trabaja en el Servicio Andaluz de Salud como asesor técnico del Plan Integral de Salud Mental de Andalucía y forma parte de la comisión de seguimiento de los programas de promoción de la salud en el ámbito educativo. Ha participado en varias de las acciones que la Comisión Europea desarrolla en el marco del Pacto Europeo por la Salud Mental y el Bienestar, la última de ellas sobre “Salud Mental en Todas las Políticas”

La promoción de la salud mental en el ámbito educativo

La salud mental es un concepto que ha ido evolucionando a lo largo de los años, alejándose poco a poco de la enfermedad mental y acercándose al concepto de bienestar subjetivo de la población. Recordando la definición de la Organización Mundial de la Salud, una persona con salud mental es aquella con percepción de bienestar, se siente realizada, hace frente al estrés normal de la vida, trabaja de forma productiva y contribuye a su comunidad.

 

creciendo en salud

Junto a la mirada positiva, el concepto de salud mental incluye un equilibrio entre el individuo y su entorno, teniendo en cuenta tanto los aspectos más personales como los contextuales, incluyendo entre estos últimos los más próximos como son la familia, el barrio o la escuela, hasta los más alejados, como las características socio-económicas, laborales y culturales de la sociedad que nos rodea.

Desde hace algunas décadas, la atención a la salud mental de la población ha pretendido abordar, junto al tratamiento de las enfermedades mentales, los aspectos relacionados con la promoción del bienestar emocional y la prevención de problemas de salud mental. Sin embargo, el peso de la enfermedad es tan grande y ocasiona tanto sufrimiento, que los recursos existentes y no siempre suficientes, se han destinado a los aspectos asistenciales, con mayor o menor acierto.

No obstante, en los últimos años ha ido cobrando fuerza la necesidad imperante de poner mucho más énfasis en los aspectos preventivos, de manera que podamos invertir la pirámide de recursos y prioridades en el ámbito de la salud mental. Esto es, apostar en primer lugar por los tres niveles de prevención: universal (fomentar los factores protectores en toda la población), selectiva (actuaciones preventivas en grupos de riesgo) e indicada (prevención intensiva en colectivos de muy alto riesgo); y en el ámbito asistencial, destinar más recursos a la recuperación social de las personas con problemas de salud mental, frente a la situación actual en la que estos se destinan casi exclusivamente al tratamiento de la enfermedad.

Forma

La mirada positiva antes comentada es la base de los programas universales centrados en las capacidades y fortalezas de individuos y comunidades, para hacer frente a las circunstancias del día a día y favorecer un crecimiento saludable a lo largo de la vida. Además, estos programas enriquecen y complementan las medidas centradas en la atención a los problemas y dificultades, a las que los servicios sanitarios y sociales estamos muy acostumbrados.

En el ámbito de la salud pública, esta mirada positiva ha sido asumida por el IV Plan Andaluz de Salud, que incorpora la perspectiva de los Activos en Salud, cuyo eje es la potenciación de los elementos o factores personales, comunitarios e institucionales que generan salud y bienestar a la población a lo largo del ciclo vital. Y como no podía ser de otra manera, esto se consigue con la implicación de todas las administraciones y la ciudadanía en general, asumiendo el enfoque de Salud en Todas las Políticas.

De hecho, los actuales programas intersectoriales de promoción de hábitos de vida saludable “Creciendo en Salud” y “Forma Joven en el Ámbito Educativo” son un ejemplo claro de este enfoque, desarrollados por varias administraciones que ya venían trabajando juntas para llevar la salud a la escuela. Estos renovados programas dan continuidad a gran parte de las actuaciones realizadas, incorporando aspectos novedosos como el protagonismo de los centros educativos y sus profesionales, donde los profesionales de otros sectores como Salud y Políticas Sociales mantienen la colaboración pero ceden el liderazgo a la escuela, o la integración de las diferentes áreas de trabajo bajo el paraguas de un solo programa con líneas de intervención interrelacionadas.

Centrándonos en la promoción del bienestar emocional, las acciones que cuentan con mayor evidencia y por tanto las más recomendadas por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud o la Comisión Europea, son las dirigidas a los primeros años de vida y muy especialmente las destinadas a apoyar la crianza (parentalidad positiva), las que abordan las competencias socio-emocionales en el ámbito educativo (educación socio-emocional) y las actuaciones preventivas destinadas a colectivos en situación de riesgo y en desventaja social (centradas en la reducción de desigualdades).

Estas actuaciones, además de capacitar a la persona para la vida y aumentar su bienestar personal y social, permite a niños, niñas y adolescentes aprender mejor y potenciar sus resultados académicos. Así mismo, contribuye a prevenir los problemas emocionales y conductuales que puedan aparecer en estas franjas de edad (presentes en el 10-20 % de la población menor de 18 años).

El sistema educativo y la educación en general son los principales determinantes de la salud mental, y por tanto entornos privilegiados para promover la salud y el bienestar del alumnado a lo largo de su experiencia escolar y posteriormente en su vida adulta. La escuela, además, puede amortiguar las desigualdades que muchos niños, niñas y adolescentes sufren en sus respectivos entornos de vida, siempre y cuando cuente con los recursos necesarios para ello y el apoyo decidido de las administraciones implicadas.

El binomio educación-salud todavía se refuerza más en el área de la salud mental. Las referidas competencias socio-emocionales ya incluidas en el sistema educativo son para Salud los factores protectores de la salud mental que ya en 2004 difundió la OMS. Podríamos afirmar que ambos sectores “están condenados a entenderse…”; ahora bien, desde una visión más positiva sería más acertado hablar de que ambos sectores “comparten la apasionante tarea de contribuir al desarrollo personal y social de la población infantil y adolescente, apoyando la construcción de un proyecto vital que los acompañará a lo largo de su vida”.

De hecho, de los cinco bloques temáticos incluidos en  la línea de Educación Socio-Emocional de los programas “Creciendo en Salud” y “Forma Joven en el Ámbito Educativo”, el último de ellos aborda las competencias destinadas a desarrollar en el alumnado habilidades y actitudes para organizar su vida de forma sana y equilibrada, adoptar comportamientos responsables en un marco de valores cívicos y democráticos, propiciando experiencias de bienestar personal y social.

Los cuatro bloques anteriores, que asientan las bases para un desarrollo socio-emocional saludable, abordan el conocimiento de las propias emociones y las emociones de los demás (conciencia emocional); el manejo de las emociones de forma apropiada (regulación emocional); la capacidad de sentir, pensar y tomar decisiones por sí mismo, sobre la base de una autoestima positiva (autonomía emocional); y las habilidades sociales necesarias para mantener relaciones saludables con otras personas y favorecer conductas pro-sociales en un escenario de convivencia y respeto mutuo (competencia social).

En total, se abordan treinta competencias socio-emocionales específicas, fruto de una adaptación del modelo pentagonal del GROP de la Universidad de Barcelona, que de manera similar a otros modelos utilizados en el ámbito educativo están inspirados, aunque no de manera exclusiva, en el concepto de Inteligencia Emocional de Salovey y Mayer de 1990, difundido por Goleman en 1995.

La educación socio-emocional es ya una realidad en muchos centros educativos de Andalucía, como pudimos comprobar en el encuentro formativo entre profesionales de Salud y Educación celebrado en la Escuela Andaluza de Salud Pública en 2013 y como ya han mencionado en este mismo espacio Pablo Fernández Berrocal (12 de junio de 2012) y Alberto Ortega Cámara (23 de abril de 2015). Muchas de estas experiencias cuentan con el apoyo de los Centros del Profesorado, con una oferta formativa para todo el personal del centro educativo, indispensable para la puesta en marcha de esta línea de trabajo.

Junto a la formación del profesorado, es necesario cuidar una serie de aspectos si queremos garantizar el éxito de estos programas, de entre los cuales destacaría el enfoque de “escuela total”, es decir, la implicación de toda la comunidad educativa con un apoyo decidido de la dirección del centro; la participación activa del alumnado en el desarrollo del programa; la implicación de las familias a través de las asociaciones de madres y padres; y la transversalidad, tanto a través del currículo y los programas educativos del centro, como entre las diferentes líneas de intervención del programa.

Asimismo, la apuesta por la educación socio-emocional implica el desarrollo de un ambiente emocional seguro e igualitario, que ponga en valor la diversidad, que prevenga cualquier tipo de acoso escolar y violencia entre iguales, y que preste una atención especial a los colectivos en situación de riesgo.

Esta apuesta también implica tener en cuenta los activos en salud del centro educativo, aquellos elementos propios del centro, del barrio o del entorno cercano al mismo que generan salud y bienestar a toda la comunidad educativa. Estos aspectos suelen pasar desapercibidos, precisando por ello hacerlos visibles a través de los denominados mapas de activos, que han de elaborarse con participación de todos los actores implicados, dentro y fuera del centro educativo.

Otro aspecto importante que suele pasar desapercibido es el propio bienestar emocional del profesorado. Tanto la OMS como la Comisión Europea llevan años poniendo el énfasis en la salud mental de los entornos de trabajo, con recomendaciones para fomentar el bienestar emocional de las y los trabajadores, crear espacios y ambientes saludables, afrontar el estrés laboral, y detectar y abordar otros riesgos psicosociales vinculados al trabajo.

Como se puede observar, queda mucho por hacer. Sin embargo, el camino iniciado con la extensión y generalización de la educación socio-emocional a gran parte de los centros educativos de Andalucía, sienta las bases para actuaciones futuras en la esfera de la promoción y la prevención en salud mental. Respecto al abordaje de los problemas de salud mental de la población infantil y adolescente y a pesar de los avances logrados, desde el Plan Integral de Salud Mental de Andalucía somos conscientes de las lagunas existentes, con un margen de mejora importante en la atención a la salud mental de esta población.

El nuevo Plan Integral, que saldrá a la luz próximamente, pone de relieve esta realidad, comprometiéndose a dar respuestas más efectivas a las necesidades de esta población, en un escenario de colaboración intersectorial y haciendo hincapié en el trabajo conjunto con las administraciones implicadas.

Es mucho los que nos jugamos si tenemos en cuenta el impacto que las políticas sanitarias, sociales y educativas tienen en el desarrollo personal y social de niños, niñas y adolescentes. Tenemos que tener presente que estas actuaciones han de llevarse a cabo conjuntamente, en línea con el enfoque de “Salud Mental en Todas las Políticas”. En ello estamos ahora, gracias al trabajo apasionado de muchas y muchos profesionales pertenecientes a los diferentes sectores implicados en la promoción del bienestar emocional de la población.

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2 comentarios leave one →
  1. Isabel Montero Hernández permalink
    03/04/2016 11:20 am

    Me ha resultado muy interesante el artículo pues aporta un poco de luz a la dramática situación que viven los jóvenes y adultos considerados “enfermos mentales”, sus familias y la sociedad en general. La Salud Mental es para mí la asignatura pendiente de la administración pública; afortunadamente artículos como este plantean propuestas y soluciones. Qué importante la Salud Emocional, las Competencias Socioemocionales incluidas en el sistema educativo, “contribuir al desarrollo personal y social de la población infantil y adolescente, apoyando la construcción de un proyecto vital a lo largo de toda la etapa educativa”. Desarrollar la Educación Socioemocional es algo trascendente, conocer nuestras propias emociones, las emociones de los demás, saber abordar y manejarlas de manera apropiada, desarrollar la capacidad de sentir, pensar y tomar decisiones por uno mismo, fomentar relaciones saludables y favorecer conductas prosociales en un escenario de convivencia y respeto mutuo”, Creo que la escuela no puede dejar pasar esta oportunidad por lo que debe potenciar y promover el desarrollo de la Inteligencia Emocional en la Escuela y también en las familias a través de la colaboración con las Ampas y con el barrio y el municipio en la que está inmersa. Me maravilla pensar, tal como se describe en el artículo “que el desarrollo de la Educación Emocional implica el desarrollo de un ambiente seguro e igualitario, que ponga en valor la diversidad y prevenga el acoso escolar y la violencia entre iguales”. Realmente la Educación Emocional es algo muy serio.

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  2. Inma Parreño permalink
    10/04/2016 5:35 pm

    Me ha parecido muy interesante el enfoque de trabajar desde la salud mental y no sólo trabajar cuando nos encontramos con enfermedades mentales. Estoy muy de acuerdo con el autor en que mejorar la salud pasa por educar socio-emocionalmente, hacer protagonista a la infancia de su propio crecimiento ofreciéndoles espacios donde ser escuchados, donde puedan expresar sus preocupaciones y donde “sientan” que son importantes, todo ello acompañado de `procesos educativos que les faculte en habilidades sociales y relacionales va a favorecer que contenemos con adolescentes y jóvenes que se van a desenvolver mucho mejor en su entorno y contarán con mejores recursos para afrontar las dificultades que van encontrando en su camino. La educación social en las escuelas tiene mucho trabajo por hacer.

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