El proyecto «Criança Fala» («el niño habla») mejora la confianza y las competencias de los niños de zonas desfavorecidas de São Paulo, con la ayuda de la primeira-dama de la ciudad, Ana Estela Haddad, que reconoce que una ciudad adecuada para los niños es mejor para todos. Otras ciudades podrían aprender esta metodología consistente en organizar a los niños para que aprendan a hacerse escuchar, al tiempo que se trabaja con los funcionarios municipales para lograr que presten atención a las preocupaciones de los niños.

Credits: Juliana Rosa – Prosa e Fotografia

 

Dificultades para la crianza en São Paulo

El departamento de vivienda municipal calcula que en el centro de São Paulo unos 60 000 niños menores de seis años viven en casas deficientes. Numerosas familias pagan alquileres abusivos por pequeñas habitaciones donde viven, duermen, se lavan, cocinan y comen. Otras se ven obligadas a ocupar locales abandonados que no disponen de los servicios básicos ni son seguros para los niños.

En los estudios realizados bajo el paraguas de la Fundación, se ha observado que, entre quienes viven en estas condiciones difíciles, casi tres de cada diez niños no van a la escuela y apenas salen a la calle porque perciben los espacios públicos como lugares hostiles. La Fundación ha financiado CriaCidade, una consultoría especializada en proyectos urbanos y sociales, para estudiar cómo conseguir que las zonas deprimidas de la ciudad respondan mejor a las necesidades de los niños.

La presencia de niños como forma de reclamar espacios públicos

En el distrito paulista de Vilinha, los niños se construyen un columpio con un neumático; los efectos del proyecto «Criança Fala» se observan en numerosos ejemplos como este. Según Nayana Brettas, fundadora de CriaCidade:

… la presencia de niños hace que se recuperen los espacios públicos para el disfrute de todos. El vandalismo y la violencia aumentan cuando las familias no salen a la calle por miedo a los enfrentamientos entre bandas y las fuertes intervenciones policiales. En cambio, hemos observado que cuando las zonas públicas se llenan de niños y familias que acuden a actividades culturales, disminuye el tráfico de droga y la cantidad de basura que se deja por la calle. El espacio público se vuelve más limpio y más seguro.

En el marco de este proyecto, se visita a las familias para llevarles libros y juguetes, jugar con los niños y escuchar sus experiencias en la zona; se organizan talleres de manualidades y actividades culturales en los espacios públicos; y se pide permiso a las autoridades para que los miembros de la comunidad pinten en zonas públicas campos de fútbol y diagramas para jugar a rayuela.

Credits: Juliana Rosa – Prosa e Fotografia

Ampliación de la cobertura y replicación

«Ahora los niños tienen una relación positiva con estos espacios, con los que se relacionan jugando», comenta Nayana.

Giovana, una niña del barrio de 8 años, añade:

«Antes no teníamos nada. La mayoría de los niños se quedaban en casa. Ahora los sábados todos salimos a jugar».

Para lograr estos cambios, es imprescindible la implicación de representantes de la comunidad y de los sectores privado y público, así que se organizan sesiones de formación sobre participación infantil con los líderes de varios departamentos municipales. En palabras de Nayana:

«Cuando nos reunimos con representantes de las autoridades municipales, intentamos animarlos a escuchar a los niños. Creemos que, si ven cómo funciona el sistema en la práctica y cómo mejora la vida no solo de los niños sino de todos los residentes de la ciudad, comprenderán la metodología y la replicarán».